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La Razón
28/04/2005
 
El Júcar no tiene agua para afrontar el trasvase que propone Medio Ambiente
 
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Desalación, modernización de infraestructuras y el ahorro forman la política de agua del Ministerio de Medio Ambiente. No obstante, la defensa de la nueva cultura del agua parece haber quedado reducida a la derogación del trasvase del Ebro, tras la aprobación del proyecto de Ley para modificar el PHN. El Ministerio se aleja así de la nueva polítíca del agua con medidas como el trasvase del Júcar-Vinalopó.

Una obra que sigue sin comprenderse ya que el caudal del Júcar está bajo mínimos. Pero si las aguas en este punto van contra corriente, se calman en cambio en materia de biodiversidad, salud ciudadana y sostenibilidad, aspectos donde el plan de Narbona destaca frente a otras alternativas. Sin embargo, este plan hace agua en materia de cambio climático. Así, según el Informe de Sostenibilidad Ambiental, en este tema el Plan AGUA es mejor alternativa que el trasvase del Ebro a 25 años, pero no a 50, salvo que exista una apuesta por el uso de renovables en la desalación. Pero, ¿por qué el Pleno de la Cámara Baja votó en contra del trasvase del Ebro y, en cambio, a favor del Júcar-Vinalopó? ¿Cuáles son las alternativas?

El Congreso de los Diputados aprobó el pasado jueves el proyecto de Ley para modificar el Plan Hidrológico Nacional (PHN), y derogar así el trasvase del Ebro. Desde Los Verdes, la Fundación Nueva Cultura del Agua y organizaciones ecologistas han manifestado que la política del Ministerio de Medio Ambiente se ha alejado de la nueva cultura del agua. Una política en donde la construcción de grandes obras como el trasvase del Júcar-Vinalopó o los recrecimientos de embalses como el de Yesa o Breña II no tienen cabida.

El problema estriba en que a estas alturas se desconoce cuál es exactamente la demanda real de agua. Un ejemplo de ello es que aún no se sabe el número de desaladoras que establecerá el programa de Actuaciones para la Gestión y Utilización del Agua (AGUA) en las cuencas del Mediterráneo. Así, la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, manifestó a los pocos meses de presentar su proyecto hidrológico la posibilidad de reducir el número de desaladoras fijadas (una veintena entre nuevas y modernización de las existentes que permitirían obtener 621 hm3).

El trasvase del Júcar-Vinalopó tiene, según los propios técnicos que «aplaudieron» la derogación del Ebro, un impacto ambiental similar al del Ebro. «El Júcar es uno de los ríos más sobreexplotados. El caudal del río (desde que nace hasta su desembocadura) es de 1.243 hm3 al año de media desde hace 25 años aproximadamente, mientras que la demanda, aprobada en el PHN en vigor asciende a 1.691 hm3 al año. Esta demanda no tiene en cuenta el déficit del Júcar tras la derogación del trasvase del Ebro», explica Antonio Estevan, de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

«El principal problema es que se trata de un período de gestión puesto en marcha por el anterior gobierno, y abandonarlo costaría dinero... Pero el proyecto no tiene casi excedentes de agua que trasvasar por lo que se tendrán que emplear aguas subterráneas para completar el caudal de superficie. Y si usamos los acuíferos el año que haya sequía no habrá agua superficial ni subterránea» para paliarla, explica Pedro Arrojo Agudo, presidente de la Fundación Nueva Cultura de Agua. Quien, a su vez, recalca que «además de ver de dónde sacamos más agua, hay que analizar si el plan es sostenible o si, en cambio, obedece a la especulación urbanística».